Paciente con insuficiencia renal crónica
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Obstinación terapéutica
Obstinación terapéutica

La Obstinación Terapéutica es una situación frecuente y motivo de sufrimiento innecesario para el paciente, conocida de una manera coloquial como “encarnizamiento terapéutico” o más académicamente como “distanasia” palabra de origen griego que significa “muerte difícil o angustiosa”, situación contraria a la eutanasia, y consistente en la aplicación no suficientemente justificada en ciertos pacientes, de tratamientos que empeoran su calidad de vida más aún que la propia enfermedad.

Esta actitud es consecuencia de un exceso de celo mal fundamentado, derivado del deseo de los médicos y los profesionales de la salud en general de tratar de evitar la muerte a toda costa, sin renunciar a ningún medio, ordinario o extraordinario, proporcionado o no aunque eso haga más penosa la situación del moribundo.

Es éticamente incorrecto. Además, produce una visión errónea de lo que la Medicina puede aportar a los últimos momentos de un paciente como son el apoyo moral y cuidados paliativos.

El deber del médico respecto al enfermo no le obliga a prolongar la vida por encima de todo. Una vez el médico se ha convencido de la futilidad de un tratamiento, tiene el deber ético de no continuarlo si con ello prolonga la agonía del paciente.

La Real Academia de Medicina de Cataluña, expone los siguientes factores causales, predisponentes y propone cómo prevenirlos:

Los factores causales de la conducta distanásica u obstinación terapéutica pueden ser:

  1. Convencimiento acrítico de algunos médicos de que la vida biológica es un bien por el que se debe luchar, al margen de consideraciones sobre la calidad de esa vida y que, a tal fin, deben utilizarse todas las posibilidades que la técnica ofrece.
  2. Adopción de medidas terapéuticas que contemplan más los aspectos científicos de la enfermedad que al enfermo, afectado de un proceso irreversible.
  3. Ignorancia o desprecio del derecho del paciente –o de sus representantes legales o familiares en su nombre- a rechazar el inicio o continuación de tratamientos médicos que prolonguen el sufrimiento del enfermo crítico o la agonía del paciente terminal.
  4. Angustia del médico ante el fracaso terapéutico y resistencia a aceptar la muerte del paciente. La dificultad del pronóstico, la experiencia del médico, las circunstancias del paciente (edad, prestigio, responsabilidad familiar, social o política, etc.), pueden alimentar por tiempo excesivo la ilusión de que la evolución del proceso que lleva a la muerte se detendrá o cambiará de sentido, mejorando el pronóstico.

Pueden ser factores predisponentes de actitudes y conductas distanásicas:

  1. La exigencia de los familiares de que se haga todo lo humanamente posible, o incluso imposible, para salvar la vida del paciente.
  2. La falta de comunicación entre el equipo asistencial y la familia, en relación con los deseos del paciente, expresados antes de encontrarse en estado inconsciente.

Maneras que ayudan a prevenirlo:

  • Respetar el derecho de los pacientes o de sus representantes de aceptar o rechazar un tratamiento. Puede ayudar la protección de las voluntades anticipadas.
  • Información y comunicación correctas al paciente y cuando ello no sea posible a quien pueda representar mejor sus intereses.
  • Velar por la mejora de la docencia en las Facultades de Medicina sobre el correcto tratamiento del dolor, insistiendo en el deber y responsabilidad de controlarlo correctamente.

MIR Iván Mogollón Salgado
Servicio de Nefrología
Hospital General Universitario de Valencia

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